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Institucional / 2/21/2016 12:00:00 AM

La revolución de la impresión 3D llega a los alimentos

(Fuente: Clarín)

En EE.UU. una empresa venderá chocolates impresos. En el país ya se hicieron ensayos entre privados y el CONICET. 

Diego Geddes 

Un sueño: darle play a la impresora y que en lugar de chorros de tinta, lo que fluya por el interior de la máquina sean chorros de cacao para imprimir un chocolate gigante. Un chocolate gigante y personalizado, con las dosis justas de chocolate blanco y chocolate negro. Y cuando se termine, no tener que ir a ningún kiosco, sino volver a darle play a la impresora. La realidad: ya hay una empresa que presentó un proyecto a la FDA estadounidense (Food and Drug Administration, el equivalente a la ANMAT aquí) para conseguir la autorización y poder vender chocolates que se puedan imprimir. La revolución de las impresoras 3D, que permiten imprimir prótesis humanas, componentes para la industria aeronáutica y juguetes, llega a la industria alimenticia, aunque su aplicación masiva todavía debe esperar entre 10 y 20 años, según las estimaciones de los especialistas. Pero también aclaran que los ensayos y la evolución de esta tecnología fue más rápido del esperado.

A nivel mundial, los primeros ensayos muestran que es posible imprimir alimentos con formas y tamaños especiales, que se usarían más con fines decorativos o recreativos que para la producción a nivel masivo. Por ejemplo, se podría imprimir un chocolate con forma de pelota. Pero el sueño puede llegar mucho más lejos. Por ejemplo, se podrían “descargar” los platos de un chef favorito e imprimirlo en nuestra casa.

En este caso, las impresoras 3D de alimentos se convertirían en un elemento más de la cocina. De hecho, el diseño de las que están a la venta se asemeja bastante a un horno microondas o uno eléctrico.

Pero esta revolución 3D también tendría beneficios para la personalización de alimentos, para producirlos de acuerdo a las necesidades y la salud de cada persona.
Por ejemplo, alimentos con receta especial para diabéticos, celíacos o cualquier tipo de dieta diferenciada.

La NASA es uno de los más interesados en la impresión de alimentos y ya invirtió varios millones de dólares para crear la tecnología que permita a los astronautas imprimir sus propios alimentos cuando estén en las misiones espaciales.

En Argentina, ya se hizo un primer ensayo entre investigadores de la empresa Arcor y científicos del CONICET, con participación del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación.

“La tecnología es interesante, aunque todavía falta para que pueda salir a la venta. Primero porque las velocidades están muy lejanas al ritmo de producción. Una pieza pequeña puede tardar entre 4 y 5 horas para ser impresa. Y además hay muchos procedimientos de seguridad e higiene que debemos tener en cuenta”, dice Jorge Acuña Romero, ingeniero de Arcor.

Todavía, por una cuestión de costos y de tiempos, el modelo actual pide la producción en serie. Pero la impresión 3D se impone si lo que se busca es crear prototipos o modelos únicos. “Está claro que se trata de un cambio de paradigma. En el futuro, las empresas alimenticias podrían vender los modelos y los diseños, y el producto lo ‘fabricaría’ cada persona en su casa, con la impresora 3D”, dice el diseñador industrial Agustín Losso. Lejos de plantearlo como algo de ciencia ficción, Losso lo ve con un gran potencial. “Este es el momento ideal para experimentar”. 

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