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Institucional / 9/24/2015 12:00:00 AM

Premio Arcor a la Innovación - "Chilto, el superfruto del Norte "premiado” por sus propiedades"

(Fuente: Clarín)

Los alimentos funcionales son la nueva tendencia de la alimentación saludable. Productos que no sólo aportan nutrientes esenciales para el organismo, sino que cumplen una “función” extra: ayudan a mantenerse sanos. En este escenario, un fruto pequeño, parecido a un tomate, asoma como una futura superestrella. El chilto viene del Noroeste, lo consumían los pueblos originarios y ahora buscan impulsar su incorporación a la mesa por el enorme valor que tiene.

El descubrimiento de las propiedades nutricionales y funcionales del chilto fue hecho por un equipo de científicos de la Universidad Nacional de Tucumán, que desde hace años vienen investigando productos autóctonos, como la algarroba y el chañar. Sus hallazgos con este fruto fueron reconocidos con el premio Arcor a la Innovación, que le entregó ayer la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica y el grupo Arcor a su directora, María Inés Isla, doctora en biología y bioquímica. Desde Tucumán, Isla cuenta que con sus colaboradores descubrieron que este fruto tiene un enorme potencial. Puede ayudar a prevenir el envejecimiento porque es antioxidante y el daño celular porque es antigenotóxico. Pero también tiene efectos antiinflamatorios y ayuda a contrarrestar la diabetes y la obesidad por inhibir enzimas que inciden en el síndrome metabólico.

Sin saber todo esto, los antiguos pobladores de la región lo utilizaban desde hace siglos. Hoy se lo puede conseguir en mercados callejeros de Salta, Tucumán y Jujuy. Y ya hay bares de la capital tucumana que ofrecen jugos de chilto. Pero, ¿cómo es el chilto? Isla intenta describirlo. “Tiene la forma y la textura de un tomate perita. Es más ácido que un tomate, por eso puede parecerse el maracuyá, pero no es igual. Su sabor es muy particular”, remarca la investigadora del Conicet.

En el país hay cuatro variedades del chilto, que van de tonalidades más anaranjadas a otras violáceas. Puede consumirse solo, en preparaciones dulces o saladas, y también en jugos, mermeladas y conservas. Este potencial de transferencia a la industria fue lo que destacó el jurado para premiar a Isla. “Ahora hay que pasar de una escala de laboratorio a una escala piloto y de allí llegar a la industria. Para producir en grado masivo se debe planificar también la producción primaria. Pero es factible producir una mermelada de este fruto”, señala Gabriel Raya Tonetti, gerente de Innovación y Estrategias Tecnológicas de Arcor y miembro del jurado. De las investigaciones distinguidas en las tres ediciones anteriores de este premio, ya hay una que se está produciendo: unos fideos de algas, que comercializa una pyme en el Sur.

Como hoy hablamos por sus propiedades del boom de la quinua, ¿estaremos hablando en un futuro del boom del chilto? Isla se entusiasma con que sí lo hagamos: “Es también un cultivo muy interesante para promover las economías regionales. Ojalá el chilto sea también un boom y llegue de las Yungas a la mesa de todos los argentinos”.

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