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Institucional / 5/14/2015 12:13:38 PM

Alimenticias cierran alianzas con entes públicos para crear productos con valor agregado

(Fuente: BAE )

Para 2020 la industria nacional le dará de comer a 650 M de personas  
 
Por Rubén Chorny  
 
Un par de grandes corporaciones abastecen la casi totalidad de los 210 litros por habitante al año en lácteos que se consumen en la Argentina.

En este mercado pareciera estar todo dicho en el país, si el presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición, César Casávola, no revelase que apenas se cubre el 60% de la ingesta lechera per cápita que recomiendan los especialistas.

En medio de ese panorama, empezaron silenciosamente a materializarse proyectos de investigación y desarrollo que de productos de bajo riesgo para enfermedades crónicas no transmisibles y alto CLA natural. Los proyectos son producto de las alianzas sustentables entre el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI); la Universidad Nacional del Litoral (UNL); la Pyme Prodeo; Estancia Nuestra Señora de Itatí; Rocio del Campo; Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

Así, en tres años, quesos, mantecas, dulces de leche y yogures elaborados con leche funcional incorporarán a la demanda a aquellos consumidores con intolerancia alimentaria a las proteínas de la leche de vaca, principal fuente de alérgenos en la niñez.

Otra variante de lácteos funcionales elaborados con esteroles vegetales que aportan omega 3, contra el colesterol alto y la hipertensión, surgió de la convergencia de talentos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de la fábrica Lácteos Capilla del Señor de la abastecedora de materia prima Gacef y de la proveedora de insumos La Raíz.

Son desarrollos que trascienden a la industria tradicional en la conformación de un nuevo mercado sin fronteras ni chimeneas los que esgrime con orgullo el presidente de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, dependiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Fernando Goldbaum.

Corriente global

Esta alianza de cerebros de la ciencia y la tecnología, empresarios privados, funcionarios de gobiernos y emprendedores transforma en materia prima gris embrionarios selectos proyectos industriales de avanzada. “Es un proceso que se está dando a nivel mundial, muy claramente en los países industrializados, y que empieza en el nuestro. Las empresas que han incurrido en inversiones en el sector de I+D se dan cuenta de que no pueden por sí solas avanzar en innovación. Y, por otro lado, que tienen a disposición de alguna manera al sistema académico en el tema de ciencia y técnica. La industria farmacéutica, como la alimenticia, en lugar de recurrir a generar sectores de I+D propios en las empresas, hacen alianzas con instituciones académicas y de CyT, como puede ser el Ministerio de Ciencia, o en este caso la Agencia de Promoción Científica y Tecnológica, para acometer mejoras en su productividad”, explica.

Es paradigmática en esta corriente la asociación de la agencia estatal con la alimenticia Arcor, en torno de un premio a la innovación en alimentos.

El gerente corporativo de Innovación y Estrategia Tecnológica del grupo empresario, Gabriel Raya Tonetti, advierte al respecto que “la cantidad de conocimiento y de desarrollo que hay fuera de las fronteras de una organización es tremendo. Y eso es lo que hay que aprovechar. Motivamos a través del premio que se investigue sobre temas que sean transferibles a la industria alimenticia y promuevan que los científicos estén atentos a las necesidades de la industria”.

Molinos Río de la Plata, también viene de implementar un Plan de Open Innovation por medio de un sitio web que respeta la propiedad intelectual de los que presenten la idea y asegura algún rédito económico que se expresa claramente en el reglamento. Plantea cinco campos en los que se piden ideas a todas las personas e instituciones respecto de los desafíos planteados: robótica, biotecnología, optimización de procesos, packaging y medio ambiente.

El ejecutivo de Arcor aclara que aún en el país “estamos en el inicio de todo lo que es la transferencia tecnológica, si bien no estamos todavía al nivel de Europa y de Estados Unidos. Sí se han creado, y hubo muchas acciones desde las compañías y desde las distintas organizaciones públicas- privadas, las unidades de vinculación tecnológica en universidades”.

La Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica maneja un sistema de subsidios para investigación que aplica también en el sector de alimentos. Se hace a través del FONCyT, está en el orden de los $600.000 por proyecto trianual y termina con un informe técnico de avance que, en realidad, está referido a la generación de conocimiento. No son proyectos tecnológicos.

Otro fondo, el FONTAR, entrega subsidios y créditos para la colaboración entre empresas y grupos de investigación, cuyo rango es muy grande, desde decenas de miles de pesos hasta millones para diferentes proyectos, algunos son subsidios otros son créditos a tasa blanda.

En los últimos cinco años, la Agencia ha sacado un nuevo fondo, el FONARSEC, que crea consorcios públicos-privados para determinados fines y ahí las inversiones fluctúan hasta el orden de millones destinados a proyectos específicos.

Los secretos a tener en cuenta para concretar un acuerdo

El acceso a una vinculación con el sector público está hoy al alcance de cualquiera, puntualiza Raya Toneti. “Primero se define la necesidad o la idea-proyecto de innovación, si no la podemos cubrir internamente salimos a buscar la línea de investigación o qué investigadores están avanzados en el tema como para transferir directamente a la industria. Conectamos la unidad de vinculación tecnológica al instituto que corresponda y se firman los primeros acuerdos que son de confidencialidad y de colaboración. Se hacen las primeras pruebas para ver si podemos llegar al producto o la tecnología que estamos buscando y luego se celebra un acuerdo comercial. Siempre hay un beneficio, ganar-ganar para ambas partes”, pone de relieve.

Las Pymes disponen de una ventanilla privilegiada para recibir todos los sistemas de incentivos y subsidios del Estado para lo que es desarrollo, e inclusive el Estado se hace cargo de aportar gran parte del capital inicial si se orientan a la exportación.

Aunque Arcor tiene equipos propios de investigación, Raya Toneti admite que “se trabaja fronteras afuera de las organizaciones para apropiar y adaptar las capacidades y el conocimiento allí existentes, a fin de convertirlos en agregado de valor para nuevos productos o mejoras de procesos o incorporación de nuevas tecnologías. Hay que ver cuántos miles de investigadores hay dentro del país, nosotros no podemos tenerlos”.

También es un modo de compartir el riesgo. “Las estadísticas internacionales de lo que es innovación marcan que hay una disruptiva cada cien proyectos-ideas analizados. En Arcor estamos alrededor del 30/35% como factor de éxito. No se hacen grandes aportes al inicio, son todas pruebas de testeo menores como para tener un prototipo y de ahí recién definir cómo va a ser el desarrollo final, y si hay que hacer inversiones en tecnología no se pasa a grandes desembolsos hasta no saber si la posibilidad de éxito es mayor”, dice.

Las mismas empresas, en colaboración con grupos de investigación, avanzan en los emprendimientos público-privados bajo la forma de proyectos de tres a cuatro años.

Goldman pone como ejemplo que “en el último tiempo desarrollamos un instrumento que se llama centros tecnológicos, financiado como por ejemplo el de San Luis en el orden de los 20 millones de pesos. Produce aceites del tipo Omega 3 y su tipificación. En tres años tiene que estar brindando servicios a la industria del sector y de la región”.

Por ese camino, Israel aumentó 5% el ingreso per cápita en veinte años y el mundo encontró una veta de crecimiento por las tangentes de los mercados.

Si se tiene en cuenta que ONU estima en 2.000 millones a las personas alrededor del mundo que sufren deficiencias de micronutrientes, es decir, padecen la llamada ‘hambre oculta’, a Argentina se le presenta la gran oportunidad de que la Open Innovation o innovación abierta en el sector alimentario asome como la fórmula de generación de valor con productos elaborados, marcas y diferenciación, que permita pasar del “grano a la marca” y del “commodity al producto de la góndola”.
 

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